Luis Andrés Caicedo Estela

jueves, julio 07, 2016


Andrés Caicedo; “el escritor de la juventud”, fue ese personaje impaciente y frenético que transmitió sus exaltaciones en cada uno de sus escritos, cada  página recrea ese lenguaje propio de la juventud caleña, el mismo que lo apasionaba para sentarse frente a una máquina de escribir durante cinco horas al día e inspirarse en su ciudad, en Cali, que él describe acertadamente en su cuento “Calicalabozo” como "una ciudad que espera, pero que no le abre las puertas a los desesperados, que tiene unos habitantes que caminan y caminan y piensan en todo y no saben si son felices". Pero que al fin y al cabo fue la ciudad que lo vio nacer el 19 de septiembre de 1951 y que lo vio morir el 4 de marzo de 1977 con tan sólo 25 años de edad.

Escritor, cineasta, guionista, cuentero y crítico. Escribía con una vehemencia única, reflexionando sobre lo más ínfimo de la cotidianidad del pueblo caleño, brindando una mirada de las condiciones sociales y económicas de Cali en los años sesenta. 

Andrés, fue de esos pocos personajes que hizo lo que predicó, pero también sufría a causa de su bipolaridad, su genio explosivo que se encendía por pequeñeces, y su tartamudeo que tal vez fue una de las causas por las que sentía la necesidad de escribir y así sentirse especial expresando todo lo que llegaba a su mente.

Ese era él, un fiel representante de la literatura urbana, calificado por unos cuantos críticos como un desadaptado que se suicidó ingiriendo sesenta pastillas de secobarbital cuando se le presagiaba un camino prometedor en el campo de la literatura.

Concebir la idea de vivir más de 25 años era visto por Caicedo como una vergüenza. Posiblemente se suicidó con la motivación de dormir sus demonios para siempre y así llenar con el vacío de la muerte los vacíos que tuvo durante toda su vida.

Fue la sucursal del cielo que lo inspiró para imaginar y crear personajes intelectuales y amantes de la música moderna (rock y salsa), una ciudad que en ocasiones resultaba agobiante por tener una sociedad tradicionalista y un tanto conservadora que parecía no comprender sus deseos de libertad, donde las calles se convierten en el punto de encuentro con las drogas, la rumba, la intolerancia, la muerte y una existencia vivida en el instante y en el ahora.

La ciudad creada por su imaginario literario en ¡Que viva la música! es habitada por jóvenes de todas las clases sociales que están delimitados entre el norte y el sur, donde el norte es de la burguesía, un lugar permisivo y complaciente y el sur de la marginalidad y del machismo.

En esta novela, escrita en el año 1977 se aprecia perfectamente una juventud sumergida en el abatimiento y la soledad vivida por el mismo Andrés Caicedo representado en María del Carmen Huertas; una joven burguesa, que deja sus comodidades para descubrir una urbe llena de parajes mágicos, que movían cada fibra de su cuerpo, tratando de descifrar todos esos sectores incomprensibles e inexplorados, comenzando por el Norte con la tradicional Avenida sexta, pasando por el parque Versalles, para finalmente ahondarse en
el bullicio del Sur con su caseta panamericana, refugiándose así en la salsa y el sexo en los limites finales de la calle quince.

Esa fue la vida en exceso que quiso experimentar volviéndose adicta a la música de Bobby cruz, Rey Ruiz y willie colón. Vivía observando los paisajes, las grietas, el fluir de la ciudad como organismo, que genera tensión de adentro hacia afuera, "que encierra pero que también libera."

En Cali la ciudad natal de Andrés y en muchos lugares de Colombia sus obras son desprestigiadas por varios críticos que no le dan mucha credibilidad a un escritor que supuestamente no puede tener una obra solidad, profunda y bien construida a los 25 años de edad. Lamentablemente no hay algo que represente su obra en la ciudad, parece que Cali en lugar de fascinarse y admirarse así misma se empeña en desacreditar su historia, así como el mismo Caicedo lo hizo al autodestruir su propia vida.

Se suicidó el mismo día que recibió su primer ejemplar de su novela ¡Que viva la música!, que tiene por contexto el mundo urbano y sus conflictos sociales.

La vida vertiginosa fue la que le hizo creer que vivir después de los 25 años es deshonesto, ya que se ha superado la capacidad de asombro. En el edificio Corkidi, en la avenida sexta Andrés cayó en el sueño profundo del cual no se puede despertar, dejó tristeza, dejó alegrías, dejó amigos y bastantes enemigos, pero ante todo dejó sus experiencias en páginas que muchos de sus seguidores no se cansarán de leer, Caicedo siempre será parte de esa Cali que hoy en día nadie parece recordar, fue y siempre será el escritor  bohemio de la juventud caleña.

 por: Marilin Rivera 
















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