CRÓNICA "EL ARTE DE VOLAR SIN ALAS"

domingo, julio 10, 2016


Se lleva el morral de 18 kilos a sus hombros y se dispone a subir al auto que lo conducirá hasta “El mico” o también llamado “El despegue”, aquella pendiente a la que desde hace algunos años acuden varios parapentistas para saciar sus infinitas ganas de volar, haciendo del parapente sus alas para lograrlo.

Aarón Maldonado, es un caleño que siempre le ha tenido vértigo a las alturas, pero aún así su vida gira entorno a ellas. Se dedica a ser instructor de parapente desde hace 25 años, exactamente es el director de la Escuela “Al Aire parapente”, desde 1992 hasta la fecha.

Su cabello canoso y su seguridad al hablar dejan en evidencia una elogiable experiencia, aquella que esta constituida por más de 11.000 horas de vuelo, 7.000 pasajeros volados, y cientos de alumnos graduados, además de realizar Tours de Vuelo y Ecológicos por Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Brasil.

Son las 8:40 Am y el cielo que cubre al municipio de Roldanillo esta nublado, Aarón le da una breve mirada y la expresión de preocupación en su rostro da la sensación que no es el mejor día para volar, pero aún así se encamina en esta aventura diaria de la que ha decidido vivir.

Dos autos, ambos con trece personas abordo donde se incluyen pilotos y pasajeros, se dirigen a la pendiente ubicada al norte del valle del Cauca, a la cual se llega luego de subir media hora en vehículo y otra media hora a pie, pero con la firme convicción de arribar y percibir el proceso que cada parapentista tiene antes de enfrentarse a lo que posiblemente sea su último vuelo.

Generalmente las personas consideran el parapentismo como un deporte ampliamente peligroso, pero para Aarón Maldonado no lo es, “el parapentismo es un arte, porque el ser humano no esta diseñado para volar, no es un deporte inseguro si el piloto es alguien profesional con los debidos conocimientos técnicos y meteorológicos para pilotear”.

Del mismo modo manifiesta que lo primero que le dicen sus pasajeros después de aterrizar es “¡ay!, yo pensé que se sentía vértigo, que se sentía más adrenalina”, y esto según lo revela él se debe a que es un deporte tan seguro y que genera tanta velocidad y sustentación que no se permite ni tan siquiera que los pasajeros sientan otra cosa diferente a la emoción.
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Roldanillo es el único municipio de Colombia en el que se han realizado campeonatos tales como el mundial de parapentes de la FAI (Federación Aeronáutica Internacional), y la SFPWC (Súper Final de la Copa Mundial de Parapente).

 

A la SFPWC van los mejores parapentes clasificados de cada país, este campeonato se realiza cada año, y hace diez años Colombia seria la sede para realizar la precopa del mundo, pero varios pilotos de diferentes países manifestaron que no era un lugar apropiado por tratarse de un país tan peligroso como Colombia, así que se canceló pero hace dos años Roldanillo fue la sede.


“Roldanillo rompió con los paradigmas porque no sólo se pudo volar todo el día, teniendo competencias más largas, sino que también se hizo la mayor cantidad de días volados en un campeonato, tanto en distancias como en horas este municipio fue un éxito, este lugar cogió tanta fuerza que se hizo incluso una copa del mundo de la FAI el año anterior y la súper final de la PWC en enero de este año”, así lo expresa con orgullo Aarón.


Ya se cumplieron once años desde que Aarón se marchó de su país natal para vivir en Venezuela, pero siempre, cada año, llega a Roldanillo de enero a Febrero para disfrutar de la magia inigualable de volar en este municipio. Actualmente por la economía y por las problemáticas del país hermano ha decidido tener un año sabático en Roldanillo, el lugar en el que se siente integro y sobre todo libre cada que vuela en lo que él considera parte de su ser, un parapente.


Un pasajero que quiera tener esta experiencia inolvidable debe pagar una cifra que oscila entre los 120.000 y 130.000 pesos, por 20 minutos de vuelo, pero un piloto no vende tiempo, vende experiencias.


Antes de volar, Aarón surfeaba, pero simplemente decidió enfrentarse a lo desconocido, y desafiar las alturas, aprendió la técnica del parapente, la primera vez que voló tenia 21 años, de eso ya hace aproximadamente unos 30 años, recuerda con un notorio regocijo la época en la que aprendió en una pequeña pendiente a despegar y aterrizar.


“La primera vez que yo sentí el vuelo, ¡wow!, es algo que nunca se me va a olvidar, es lo máximo, sentís que estas con un juguete que te puso a volar”, son las palabras que emite mientras deja escapar una gran sonrisa.

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Pero no solo los colombianos prefieren esta tierra para volar, también es el lugar predilecto de extranjeros como el piloto suizo Jonathan Vigano, quien llegó a Roldanillo en el año 2006 gracias a que unos amigos argentinos le dieron buenas referencias del lugar, así que decidió experimentar otros aires para seguir volando. 

Llegó y se adaptó de una manera sorprendente a este municipio, se enamoró de la gente, el clima y la organización, pero también se enamoró de una chica Roldanillense con la que se casó.


Jonathan percibió como Roldanillo fue convirtiéndose en el lugar predilecto de los turistas, y de los parapentistas de todo el mundo, así que decide crear en el año 2011 el hotel del parapente, conocido como “cloudbase Colombia”, que significa el punto base hasta el que pueden volar, es decir hasta las nubes.


Define el parapentismo como el arte de termaliar, de volar en aire caliente, las térmicas las explica como el contraste del aire caliente y frio. Para Jonathan los parapentistas eligen Roldanillo porque el sol es un factor muy importante, ya que calienta el piso, el piso calienta el aire y este aire caliente sube, además  el sol sube en el oriente y pega primero a las montañas de Roldanillo, de esa manera pueden despegar temprano los pilotos y volar largas distancias.


 Para Jorge Iván Córdoba, un caleño que práctica vuelo profesional desde hace seis años, el parapentismo más que un sentimiento físico, es una sensación de satisfacción, más que un deporte lo ve como un arte donde por inercia el piloto y el parapente se convierten en uno. Es un deporte que en definitiva para él, no tiene punto de comparación.


Su mayor record ha sido volar 82 km en 4 horas, y el record mundial de 4 horas esta en 213km. La primera vez que voló un parapente tenia 16 años, le dejaron un parapente, y en una montaña de 400 metros de altura alcanzó a hacer 17 vuelo luego de haber practicado por bastante tiempo y aún así se accidentó porque no sabia girar, se partió la pierna derecha, y a pesar de ello se le nota por la efusividad con la que habla de este deporte que no lo practica por trabajo sino por pasión.


Para Aarón después de tantos años de experiencia un parapentista realmente profesional debe observar todo antes de lanzarse al vuelo, saber cuál es el norte, cuál es el sur, que tipos de nubes hay y como se mueve el entorno, incluso poder indicar la intensidad del viento, en pocas palabras hacer un pre vuelo y mirar lo posibles obstáculos.


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Agrega que “el parapente tendrá 30 años de inventado, y los parapentes de hace 30 años comparados con los de hoy en día son totalmente diferentes, los de antes eran menos evolucionados, más cuadrados, se parecían más a un paracaídas, la velocidad era muy básica y muy mínima, avanzaban 3m y descendían 1m, actualmente se avanzan 10m y se desciende 1m”, explica mientras enseña su equipo de vuelo, el cual es de dos puestos, para poder así llevar al pasajero adelante, a este equipo se le llama biplaza o tándem, sin embargo aclara que los a los equipos con un solo puesto se les denomina monoplaza.


El valle es el lugar predilecto para volar porque no hay térmica fija, todo es inesperado, las térmicas según lo explica este profesional del parapente, funcionan por diferencias de temperatura, por lo tanto al medio día hay una estabilidad que no permite despegar, sin embargo hay térmicas en todo el día, es por esta razón que considera este deporte como un arte, ya que permite volar de térmica en térmica y los pilotos deben ser expertos para aprovechar estas térmicas y así ganar altura.


Finalmente Aarón define con una palabra este deporte y es “indescriptible”, incluso recuerda con bastante entusiasmo una de sus mejores anécdotas siendo parapentista, “la primera vez que atravesé la ciudad yo no me lo creía fue desde golondrinas al norte de Cali, hasta la cancha de la Universidad San Buenaventura, y uno se va ampliando las metas para hacer mayores recorridos, nunca me imaginé que podía hacer 100km”.


Un parapentista metafóricamente lee el cielo y las condiciones meteorológicas a las que se va a enfrentar. No existe límite de edad para volar en un parapente, han volado incluso niños de 3 años y personas de 80 años, cuando de volar sin alas se trata el único límite que existen son las nubes.

 

                                                                                                          Autor: Marilin Rivera

 



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